La letra con desesperación entra.

¿Escritora destinada?

En cuanto me vi con mi bastoncito con flores azules, lo segundo que hice fue ir a la tienda de correos del centro comercial de mi ciudad, «El Corte Inglés».

Llevaba en un carrito de la compra los primeros sobres con mis manuscritos directos a las editoriales. Ya los había mandado a algunas en PDF, pero hay quienes todavía querían las versiones «analógicas».

Ahí fue cuando me di cuenta de que enviar manuscritos conlleva un gran desembolso económico.

Lector de tarjetas con precio para enviar manuscrito por correo.
  • Facebook
  • Twitter

Por cierto, si hay alguien de «El Corte Inglés» que me esté leyendo sólo decirles lo siguiente:

Vuestras puertas de hierro de El Corte Inglés pequeñito de Málaga son una pesadilla para las personas con discapacidades físicas. Ya sea con andador o con bastón: vuestras puertas son criminales. Por favor, pensad en aquellos que no son «normales».

Dejando de lado este inciso de las puertas, tengo que decir (ya que por poco lo omito) que lo primero y más importante que hice fue registrar mi novela en el Registro de la Propiedad Intelectual. Esto es algo que se tiene que hacer antes de enviar cualquier manuscrito a una editorial. Así que tenlo muy en cuenta mi estimado escritor novel.

Junto a esto último, también registré como marca mi seudónimo de escritora. ¿Por qué? Porque, aunque resulte difícil de creer al escritor novatillo, gracias a artículos que leí de escritores de todo el mundo, supe que muchas editoriales no sólo pueden plagiar las ideas y manuscritos que reciben de los escritores noveles, sino también sus seudónimos a favor de autores consagrados o futuras «estrellas» de la casa.

¿Que por qué un seudónimo? En el futuro me tenía que presentar a exámenes y soy una escritora políticamente incorrecta: así que mejor que mi nombre verdadero pasase desapercibido para «el mundo oficial».

¿Por qué elegí este seudónimo? La verdad es que la elección de mi seudónimo no fue casual. Antes de nada, leí un estudio americano (sí: los americanos hacen estudios de absolutamente todo) en el que se decía que, curiosamente, los autores más publicados o vendidos eran aquellos cuyos nombres y apellidos empezaban con las primeras letras del alfabeto.

Aunque creía que el estudio pasaba por alto excepciones como el famoso seudónimo «Stephen King», decidí hacerle caso y probar. Por cierto, Stephen King también tiene registrado su seudónimo.

¿Cómo llegué a mi seudónimo actual? Como siempre, gracias a mi padre. De niña me dijo que quería ponerme el nombre de «Ana», que además era el nombre de su primera novia. Pero al final eligió honrar a su madre llamándome como mi abuela. Decidí rebautizarme con el que hubiera sido mi nombre original.

Ya tenía el nombre. Lo único que me faltaba era el apellido. En ese momento recordé el seudónimo que me puso mi padre cuando de pequeñita empecé a escribir mis primeros poemas, cuentos y novelas: escritora audaz. Me metí en Google y traduje audaz a todos los idiomas del mundo hasta que di con el kanji japonés «daitan, daitana».

Una vez comprobado que nadie en el mundo se llamaba como yo, lo registré como marca.

Logos de Ana Daitán
  • Facebook
  • Twitter

Tras enviar los manuscritos a unas poquitas editoriales, llegaron los «no encaja con nuestra línea editorial».

Con el paso de los meses, y ya con mejor sentido sin estar tan dopada con los medicamentos, comprendí que aquel manuscrito tenía mucho por pulir. También comprendí que, aunque Hemingway escribía borracho, escribir dopada no es recomendable.

Así que escritor novel: no escribas ni dopado ni borracho. También tienes que saber que tu primera novela nunca será tan buena como pensaste. Siempre será la base para aprender y para soltarte. La novela que te abrirá las puertas vendrá después: cuando ya hayas practicado tu escritura y sepas cuál es tu voz.

Ahora sé cuál es mi voz. Y en el futuro cogeré esa mi primera novela autobiográfica que no vio la luz y la transformaré en una novela de ficción. Sólo en la última página, lector, sabrás que en realidad es mi vida.

Pero, aunque en la actualidad mi camino es el de la «guerrera escritora», después de aquella primera novela rechazada por editoriales y volver de nuevo al trabajo cuando mi salud me lo permitió…, decidí renunciar a la escritura.

Bueno… eso era lo que yo quería: el destino tenía otros planes. Como dice el refrán: «La cabra siempre tira al monte».

Una cabra graciosa tirando para el monte, a estilo Ana Daitán.
  • Facebook
  • Twitter

Cuando volví al trabajo, supe que una muy buena amiga estaba bastante grave por un cuadro ansioso depresivo que la llevó a un hospital. Sometida a tratamiento, y deseando volver a trabajar, ella quería incorporarse antes de tiempo con todo el riesgo que ello comportaba para su salud física y mental. ¿Cómo me enteré? Por mi mosca cojonera.

Como mi amiga no escuchaba a nadie y quería evitar que cometiera una imprudencia que la pusiera en riesgo, ya que ella quería darse de alta en pocos días, me puse a pensar… Y ahí fue cuando mis manos se movieron solas: cogí el teclado del ordenador y escribí.

No conocía sus circunstancias, pero sí las circunstancias de mi propia vida. Podía comprender su dolor porque había sido el mío propio. Así que, aún en la distancia, mi alma entró en simbiosis con la suya… y eso que desconocía casi todo lo que pasaba realmente en su vida. Sólo tres pinceladas de lo que le sucedió y fue suficiente para que mi mente y mi alma captaran el resto.

Quería que reaccionara a través de un pequeño relato. Mi meta era llegar a ella a través de las palabras. Ayudarla con lo único que sabía se me daba bien: la escritura. Y tenía que hacerlo en tiempo récord: antes de que hiciera una tontería.

Estuve un día y medio sin dormir para investigar y escribir el relato «La Esencia de Iris». Fue escrito de mi alma para su alma. Y… cumplió con su cometido.

El banner de La Esencia de Iris en la revista Le Miau Noir
  • Facebook
  • Twitter

Después de ese primer relato, y proponerme no tocar de nuevo un teclado salvo para trabajar…, llegó el segundo. ¿Cómo nació? Cuando le di a leer «La Esencia de Iris» a otra buena amiga y esta me contó la preocupación que tenía por su primo.

Entonces mi objetivo fue «orientar», a mi manera, a ese chiquillo. Con una historia que no tenía nada que ver con su vida, pero que era una lección de vida que los jóvenes (y quizás no tan jóvenes) necesitaban aprender.

Terminé el segundo y se lo di a mi objetivo.

Cuando ya me disponía a cortarme la coleta como los toreros… mi mejor amigo, al que quiero más que a un hermano, me llamó por teléfono. Y nació el tercero.

Al ir a la peluquería para cortarme la coleta ya definitivamente, y mientras una anciana me hablaba sobre el extraño comportamiento de su nieto…, nació el cuarto.

Y en medio de mis últimos días de vacaciones, porque ya había gastado casi todas las vacaciones y los fines de semana en escribir…, recibí una petición de mi comadre:

«Verás, este sábado es el cumpleaños de mi madre. Hace más de una década que no lo celebra. He hecho coincidir la comunión de mi hija con su cumpleaños. Le vamos a dar una fiesta sorpresa. Y mi padre quiere escribirle una carta que le entregará con un ramo de rosas… Pero el problema está que no sabe cómo escribirla. ¿Tú podrías…?».

Mi respuesta:

«Dime cómo se conocieron». No me faltaba más. Había sido testigo de su vida, mi mente pondría el resto.

Y así fue cómo me tocó hacer de Cyrano de Bergerac. Dato curioso: yo fui quien leí la carta en el convite.

Ana Daitán leyendo la carta a la cumpleañera mientras la amiga le limpia las lágrimas a la homenajeada
  • Facebook
  • Twitter

De repente me di cuenta: de todos esos relatos reunidos podría nacer una nueva novela…

Así que otra vez me vi enviando manuscritos a editoriales. Y otra vez la misma respuesta: «No encaja en nuestra línea editorial».

Esta vez sí sabía que había enviado una novela impecable. Estaba orgullosa de mi trabajo. ¿Cuál era el problema entonces? Que se salía de lo habitual. Las editoriales no se arriesgan con lo nuevo y más cuando eres un autor desconocido.

Para ellos todo es jota, caballo y rey: no hay camino para la innovación y lo políticamente incorrecto. Tienes que tener mucha suerte (como le pasó a J.K. Rowling que de pura casualidad a la hija del editor le gustó) para encontrar esa oportunidad en una de ellas.

Al menos estaba contenta: había quedado la primera en reserva con mi relato «La Esencia de Iris» en el concurso «Mujeres» que se celebraba en Santa Cruz de Tenerife. Era una novata que competía con su primer relato frente a profesionales… ¡Para mí aquello ya era un éxito!

Entrevista Ana Daitan
  • Facebook
  • Twitter

Aparte de ello, también decidí meterme en Instagram. Ya que las redes sociales son importantes para un escritor. De hecho, yo era de la época de los Picapiedra: sólo en el 2016 me instalé WhatsApp y para que el sindicato me informara de unos estudios que quería realizar.

Quién me iba a decir que ese mismo año también me serviría para contactar con las amigas cuando me vi en el hospital.

Tras el concurso, estaba feliz. Más cuando me veía libre con mis dos piernecitas. Pero mi alegría duró poco. Al regresar a casa del trabajo, un parón brusco del autobús afectó a mi cadera… despertando de nuevo al diablillo de mi enfermedad.

¡No te pierdas en el próximo post la TERCERA PARTE!

Si quieres suscribirte a mi boletín y conseguir interesantes regalos, HAZ CLIC AQUÍ.