La vida es un combate de boxeo.

¡Levántate y pelea!

De vuelta a la casilla de salida. Todo lo que había luchado para recuperarme… en el cubo de la basura.

Las recaídas son amargas, muy amargas. Sobre todo, cuando recuerdas lo que te dijeron las amigas: «Es demasiado pronto para reincorporarte, piénsalo bien». Pero al verme sin el andador, me di de alta voluntaria (más por el miedo a que me jubilaran).

No contaba con que mi andador tenía alma de boomerang.

Aunque soy una persona con genes animosos, en aquellos momentos me hundí. Me metí en mi concha como las tortuguitas. Mi cuerpo, mi mente y mi alma estaban demasiado cansados.

Cuando se está sola tú eres la única que puede animarte o destrozarte. Durante el largo camino de mi vida, el único apoyo que tuve para renacer de mis cenizas fue mi propia autoconciencia. Y ello requiere madurez. Por suerte, mi madurez empezó desde chiquita. Pero aun así… las caídas son inevitables, aunque luego te levantes.

Tengo que puntualizar que yo nunca me he considerado un ave fénix, sino una hidra. El ave fénix se reconstruye para volver a como está. A las hidras se les corta una cabeza y le salen dos más: se hacen más fuertes, mejoran. Evolucionan.

Ya había tocado fondo: ahora sólo tocaba subir hasta la superficie. Me costó, pero lo hice. Y tengo que reconocer que mi bote salvavidas fue el mismo que la primera vez: la escritura.

Hydra graciosa de tres cabezas que representa a Ana Daitán
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Miraba a mi andador y parecía que se reía: «Con que te ibas a deshacer de mí, ¿no?» El hijo de puta se estaba vengando por la patada que le di cuando me vi libre.

Ahora tenía que buscar de nuevo los guantes del Decathlon para no hacerme solladuras en las manos. Sí: esos guantes que se compran en las tiendas de deporte y que se utilizan para levantar pesas. Los que tenemos que utilizar silla de ruedas, andadores o bastones por mucho tiempo los usamos para no dañarnos las manos.

Con mis guantecitos puestos, cogí mi portátil, con mayor dificultad que antes, y lo puse sobre mi cama articulada. Me dispuse a escribir la novela para la que había estado investigando antes de recaer: «El Puente de los Cuervos».

Una novela que nació como un recordatorio del pasado y una advertencia para el futuro. Las vivencias de mi padre y de sus amigos estaban muy presentes en esa novela. Así como algunos de mis traumas personales. El mundo se estaba volviendo cada vez más raro y tal parecía que George Orwell y Alfred Huxley habían caído en el olvido. Yo veía las señales de advertencia… pero tal parecía que el mundo no se daba cuenta.

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«El Puente de los Cuervos» era una novela social disfrazada de muchos géneros: romance, intriga, acción, aventura, novela histórica, ciencia ficción… Es decir, el lector estaría bastante entretenido. Al igual que yo escribiéndola: no sólo por los temas, sino porque físicamente era un reto.

No podía estar ni mucho tiempo de pie, ni mucho tiempo acostada ni mucho tiempo sentada. De hecho, mi sillón es de aquellos «levanta personas» que incluso te permite poner las piernas horizontalmente.

Gracias a un préstamo, había adaptado mi casa para mi discapacidad. Tenía hasta un alzador de wáter. Si bien aquellas pequeñas cosas me facilitaban la vida… también eran un recordatorio constante de la mujer activa que había sido y de cómo ahora me veía.

A veces resistía cinco minutos escribiendo, otras quince, otras una hora, algunas dos… A veces me ponía de pie y continuaba escribiendo con boli y papel haciendo de mesita el microondas… Y otras cogía la grabadora del móvil, cuando ya no sabía en qué postura ponerme por los dolores, y me grababa relatando el capítulo.

Sí: «El Puente de los Cuervos» fue un reto en todos los sentidos… Pero me devolvió la vida. La terminé el 31 de diciembre de 2018.

En enero de 2019 la registré, hice copias del manuscrito para mis tres lectoras beta, entre ellas mi mosca cojonera, y envié el manuscrito a editoriales.

La primera que terminó de leerlo fue la madre de mi mosca cojonera, Doña María, de 90 años. Se leyó la novela en tres días. Lo cual tiene su mérito porque el manuscrito tenía 1000 páginas.

Una anciana leyendo en su cama El Puente de los Cuervos
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Aparte de registrar la novela, también registré como marca su título: «El Puente de los Cuervos». ¿Por qué lo hice? Otra vez por lo que había leído de artículos de escritores americanos: muchas editoriales no sólo pueden plagiar para «escritores de la casa» los manuscritos de escritores noveles, sino también los títulos de sus obras. Además de que estos manuscritos pasan por lectores de la editorial y muchos son también escritores…

Todos los títulos de mis obras están registrados como marca.

Mi estimado escritor novel, algo muy importante de un libro no sólo es la portada sino también ¡su título! El título y la portada son los dos ingredientes fundamentales para la venta de un libro. Por más bien que escribas, debes cuidar esos dos elementos antes de nada.

Primero: tuve la idea. Segundo: pensé en el título. Tercero: hice la descripción para Amazon y la sinopsis de la contracubierta. Y, por último: me puse a investigar y a escribir.

¿La descripción para Amazon y la sinopsis de la contracubierta? Sí: es fundamental. Yo ya tenía todo el libro en mi cabeza, así que me puse con ella. Ten en cuenta que es lo que dará visibilidad a tu libro y contribuirá a su venta.

Hay que dedicar primero tu genio a lo difícil, luego vendrá lo «sencillo» (aunque escribir un libro tenga también su trabajo). Porque, aunque resulte increíble, muchos escritores son capaces de escribir novelas magníficas, pero luego, cuando toca la descripción y la sinopsis…, se paralizan.

Y no sólo se paralizan, sino que tienen que pagar a empresas externas para que las hagan. Increíble, pero cierto. Así que primero coger el toro por los cuernos, ¿no? Al menos es lo que yo hago, pero cada persona es diferente.

Luego, cuando ya contrato a mi portadista de mi alma, pues entre él, mi mosca cojonera, mi comadre, mi mejor amigo y mi amiga la periodista me van orientando sobre las correcciones o no que debería hacer a la sinopsis y la descripción. Me paso todo el día dándoles la lata. Al menos es así con las primeras novelas, luego ya le cogeré el tranquillo.

Las partes que tengo que quitar de la descripción y la sinopsis también las reutilizo: ya sea como parte del prólogo o para alguna inspiración para material publicitario.

Tengo que aclarar que yo soy una escritora «de mapas», no de «brújula». Muchos escritores noveles y personas ajenas al mundo de la escritura no sabrán de lo que estoy hablando.

Un escritor «de mapas» es aquel que antes de escribir ya diseñó el argumento y la trama. Mientras que un escritor de «brújula» empieza con una vaga idea que va adquiriendo forma mientras escribe.

Una mapa y una brújula. Representa que Ana Daitán es una escritora de mapa, no de brújula.
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Una cosa que hice fue también mandar una breve muestra de mis dos novelas, la última que había escrito y «El Puente de los Cuervos», a una agente literaria: Antonia Kerrigan. Luego me arrepentí. ¿Por qué? De nuevo por los americanos. Francamente: parezco más escritora americana que española.

¡No te pierdas en el próximo post la CUARTA PARTE!

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