Escalando montañas y bajando colinas.

¡Ya me duelen los puños de tanto pelear, cojones!


Según había leído de escritores americanos, algunos agentes literarios también solían plagiar las ideas de los manuscritos de noveles para sus representados consagrados o «viejos conocidos».

¿Difícil de creer? Pues con una famosa novela española (que no voy a mencionar para no darle publicidad) pasó eso mismo según la noticia de un periódico español… Google te descubrirá la identidad de esa novela si tienes curiosidad.

Por fortuna, el historial de Antonia Kerrigan estaba más limpio que una patena. Así que, estimados escritores noveles, investigad primero a qué agente enviáis vuestros manuscritos y si de verdad merecerá la pena. Después de enviarlo, y leyendo libros sobre el mundo de la escritura de autores americanos, vi que con iniciativa y formación yo misma podría hacer la labor de un agente literario sin sacrificar parte de unas ganancias que costaban tantos sacrificios. Señal divina: la empresa de Kerrigan no me contestó.

Una máquina de escribir con un billete. Refleja el negocio que se mueve en torno a la escritura. Las vallas que ha tenido que saltar Ana Daitán.
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Ya veía los «no encaja con nuestra línea editorial» con suspiros de alivio. A medida que investigaba sobre el mundo de los escritores me di cuenta de que con una editorial tradicional los autores apenas obtenían beneficios. Empecé a mirar el mundo de la autopublicación con otros ojos…

Pero también había que elegir bien: hay editoriales de autopublicación que publican tu libro con su propio ISBN y que son los encargados de publicarlo ellos mismos en Amazon bajo su propio sello sin que puedas acceder a él. Y esto, cuanto más me adentraba en el mundo de los escritores independientes, menos me interesaba. ¿Por qué? Porque quien tiene el ISBN de tu libro posee tu libro.

Ser tú mismo quien publique tu libro en Amazon es fundamental para elegir las mejores categorías para él y cambiarlas para darle vidilla. Una empresa de autopublicación como la mencionada, por mucho que mimase tu novela en cuanto a maquetación y demás nunca se encargaría de ello (tampoco una editorial tradicional) y más durante toda la existencia de tu obra.

Sin contar con algunos de los problemas que podrían surgir a futuro cuando tú no posees el ISBN… Ten en cuenta que, por mi formación jurídica, suelo ponerme el parche antes de la herida. Es lo que se llama: ser previsores.

A lo largo de ese año me encontré con editoriales tanto tradicionales como de autopublicación engañosas o poco claras. Así que me adentré en el fantástico y sorprendente mundo de los contratos editoriales.

También supe del gran sacrificio económico que suponía contratar con empresas de autopublicación la maquetación de un libro y la corrección ortipográfica. Y digo ortipográfica y no de estilo porque, aunque dicen que respetarán tu estilo, no me fio. Así que contraté sólo la corrección ortipográfica.

En cuanto a la maquetación: decidí ahorrar confiando en programas especiales de maquetación para todos los mercados. ¿Cómo di con esos programas? ¡Por mis queridos americanos! Así que decidí maquetar yo misma.

Algo especial que tendrían mis libros era la banda sonora. Crearía enlaces que dirigirían a las canciones que colocaría en mi web.

Después de hablar con el SGAE, discográficas y demás, me dijeron que la solución más sencilla era embeber vídeos de YouTube o audios de SoundCloud a mi web. Así no tendría que pagar derechos de reproducción.

Como había una sentencia del Tribunal Supremo que avalaba la incrustación de vídeos de YouTube en las webs sin ningún coste, me decidí por esto último.

Cuatro libros escuchando la banda sonora de El Puente de los Cuervos
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Durante todo ese tiempo estuve estudiando libros americanos y españoles de todos los temas en los que tendría que volverme especialista para convertirme en una escritora independiente del siglo XXI. También invertí en cursos de formación sobre dichos temas.

Mientras me formaba, una pequeña editorial le dio un sí a «El Puente de los Cuervos».

La recuerdo muy bien. Tuve que rellenar un examen con muchas preguntas, en las que ponían especial hincapié a si tenía muchos seguidores en redes sociales y a lo que estaría dispuesta a hacer por mi libro. Así como la cantidad que consideraría imprimir para librerías.

En cuanto a lo de la cantidad a imprimir les respondí como si yo fuese una editorial y lo que se estuviera gastando fuese mi dinero. Respecto a seguidores en redes… apenas tenía. Pero les dije que si tenía que hacer puénting con un cartel anunciando mi novela: así lo haría.

El alter ego de Ana Daitán haciendo puenting
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También me pidieron foto. ¿Qué tendrá que ver el físico del autor para que una historia se venda? Un lector lee la historia, no la cara del escritor. Pero se la envié de todas maneras.

Y me vino el contrato. Un contrato… que me puso los pelos de punta.

Aquel contrato me obligaba a que, una vez firmado, todas las obras derivadas de «El Puente de los Cuervos» las tendría que publicar con ellos. Ante esta atadura a mi libertad, mis pensamientos fueron rápidos: «¡Y una mierda!»

Mi mosca cojonera, que había sido abogada durante más de veinte años, también estuvo de acuerdo conmigo en cuanto le envié el contrato.

Muy educadamente, lo rechacé.

Pero algo me quedó claro: creían que la venta de la novela traería beneficios.

¡No te pierdas en el próximo post la QUINTA PARTE!

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